Desmadrugados y madrugadores nos vamos mirando las palideces mutuas. Nos reconocemos. Ya sabes que yo, aunque quisiera -que no quiero- nunca podría pertenecer al segundo grupo.
Entre tú y los despertares, el hilo conductor es sencillo: tú y yo, hermanita, tenemos deudas. Una es ver un amanecer juntos.
Recién me entero que estás más lejos de donde te dejé la última vez. Mucho más lejos. Muchísimo. Recién me entero que ya comenzaste: que ahora sí, sólo es cuestión de tiempo para que dejes caer una pluma en cada rincón de este pinche mundito de maravillas.
Un día dijiste: "Y tú me hablas de libertad? si tú eres el principal esclavo de tus propias convicciones". Si yo hubiera sido el destinatario de tal sentencia, habría revirado diciendo "Yo no tengo convicciones". Pero luego te pienso, hermanita, y me hallo la grata sorpresa de que de pocas cosas estoy tan seguro como de ti.
Recién me enteré, ya te decía, que sobrevuelas otras latitudes, y nada, en mucho mucho tiempo, me ha hinchado más el orgullo. Mi almita gemela ya despegó.
- LuMmo.
PD. Ya amaneció. Ya es hora de meterse a dormir.











