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8.5.09

De una bruja mala, desde el asiento 2 -pasillo, gracias- rumbo a Morelia por la de cuota.

Bueh, démonos un permiso...

Casi no hago recomendaciones de este tipo porque, a pesar de mi facha, confío en la inteligencia y el buen gusto de quien lee este blog*. Sin embargo no sobra platicarles, un tanto en plan anecdótico, otro poco porque estoy posteando desde un camión y la película que eligieron para noquearnos es tan mala como escandalosa, sobre un reciente hallazgo bestselleriano que me sorprendió gratamente. Les hablo de 'Wicked, Memorias de una bruja mala'. Hace rato que no leía un best seller tan entretenido y, paralelamente, inteligente. Lo divertido es que se hace una re-lectura de la historia de El Mago de Oz, pero con la bruja mala del oeste, "Elphaba", como protagonista. Un personaje exquisito, si se me permite la expresión. Ese y varios secundarios más.

Ya sé que parezco crítico literario de pasquín barato, pero tenía ganas de hacer un comercial acá.


- LuMmo.

PD. * Alguien notó la autocomplacencia? Gracias.

5.3.09

De la caída del cabello.



["Yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud..."

- Contigo. Sabina.]
Hasta donde entiendo (porque no están para saberlo, pero los toros me cagan*), cortarse la coleta significa retirarse, dejar de ser torero; pero la extrapolación nos invita a investirle de un significado mucho más rico: renunciar, dejar ir / pasar.

Varias veces en este blog he hecho referencia al cabello largo como símbolo de algo aún no definido, pero que me ha tenido atrapado desde que, al salir del Servicio Militar (jo), decidí que se acababan las peluquerías para mí. Una idiotez, si me lo preguntan, porque como era de esperarse, a los militares mi acto de rebeldía les importó un pijo; y a mí también, por cierto. La bendita represión me había hecho olvidar que esa tontería fue el origen de tamaña cosa.


Sea lo que fuere que pensé en aquel momento, ya se me olvidó. Y como a causa, efecto, el cabello largo se fue. Supongo que eso pasa cuando las cebollas cambian de capa: se les olvida la cebolla que fueron una capa antes. Lo bueno del asunto es que el cabello crece, y en cuanto necesite un baño de adolescencia siempre habrá un diligente militar a la mano para recordarme que el mundo necesita soñadores de pelo largo ("Qué le va usté a hacer, Señora?" Señora. Serrat. )



- LuMmo.



* No literal. Y hablo de la tauromaquia, no de los animales.

24.10.08

Del anecdotario VII.

- "En este momento decido dejar de amarte"

La palabra 'amarte' sólo la intuí; culpa de la inexplicable tormenta que acribilló el techo de la casa en el momento preciso en que sentenciaste olvido.

Cómo lo haces?

- LuMmo.

6.6.08

Del Anecdotario VI.

Debut como bailarín.
Era como ver a un tapir dando vueltas.
(Después de todo, no soy tan mal psicólogo)
.

3.2.08

Del abuelo.


El veintiocho de abril del noventaynueve, mi abuelo andaba en Zihuatanejo. Pasó a saludar a los inquilinos, a ver como estaban sus plantas. Cruzó un par de palabras, nada serio: "Maestro, cómo ha estado?" le dijeron; "Bien. Deja, no te levantes" respondió. Entró a la cocina y no lo vieron salir.

Ese mismo día, a seiscientos kilómetros de distancia, mi abuelo estaba muriendo. Complicaciones de la diabetes que lo mantuvieron postrado a una cama los últimos meses de su vida.


Así era el abuelo. 'Descansar haciendo adobes', decía. Hasta muerto tenía cosas que hacer.


Un cabrón, el viejo; y un buen hombre: don Nati era un cabrón adorable, sabio y divertido: bueno.

Una vez, un par de años después de morir, mi abuelo tuvo el detalle de venir a despedirse. Ya les digo: era un buen hombre. Era un gran hombre, sí, pero también era un buen hombre. Me sorprendó dormido, así que decidió dejarme dormir y colárseme por uno de los párpados en forma de sueño. Me dejó abrazarlo por última vez, y luego se llevó su imagen a otra parte, a donde ya no lo he visto desde entonces.

Maestro de profesión, de vocación profesor. Antes de que Ixtapa se conviertiera en el pedacito de plástico que es hoy, había ahí un palmar. Huertas, en realidad, y el centro importante no era Ixtapa, sino Zihuatanejo, el pueblito que ahora ha quedado relegado a la condición de pintoresco. Ahí vivió don Nati más de cuarenta años. Muchos de ellos, dando clases de sexto de primaria. 'Agárralos pollos'. Popular sin quererlo, fue el maestro del pueblo. Contrapeso del cura, del militar, del político. Voz de mando, razón en mano. Respetado por el pueblo entero, querido por sus niños, consultado por caciques y gobernadores, regañado por la bisabuela, amado por la abuela, admirado por los hijos y recordado por nosotros.

Recio y juguetón a una vez, no era difícil imaginarlo montado a caballo con su sombrero calentano, ni haciendo de caballito a cualquiera de nosotros, los nietos. Fue él quien nos dio un machete la primera vez, y sacrificó algunos troncos para que aprendiéramos a usarlo sin rebanarnos una pata. Odiaba que me pidiera ayudarle a regar sus plantas a las siete de la mañana, pero mataría por hacerlo una vez más.

- "El hobbie de tu abuelo eran las mujeres... y la verdad era muy bueno" me dijo la abuela hace poco. ¿Ves? es cosa de familia. No es que sea yo muy bueno en el hobbie, pero no me puedes culpar por intentarlo. ¡Está en mi código genético!

Hace unos días alguien me dijo "Si tu abuelo viera en lo que te estás convirtiendo, estaría orgullosísimo". No lo sé, pero quiero creerlo. Y si no lo estuviera, tampoco importa mucho: con saber que estuvo ahí, que formé parte de su vida, me doy por bien servido.


- LuMmo (Vega).