31.8.08

Réquiem por un gran hombre.


No es esto una apología; no me atrevería. Es sólo el sencillo reconocimiento de alguien que cree en lo que usted creyó.

Hace unas horas escuché una frase, don Gilberto, y la dijo mi madre, a quien usted apreció, y de quien yo aprendí a admirarlo: "Si yo pudiera elegir el día de mi muerte, sería el mismo en el que el país entero se uniera por una causa"

Descanse. Se lo merece.

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22.8.08

Del camino de regreso.

"Si yo pudiera de donde estoy hacerte venir..."
No. No te has ido.

El problema es más grave: corrí a esconderme, y lo conseguí. Ahora, el escondite fue tan bueno que no sé dónde -carajos- me dejé.

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De cuando fuimos hogar.

Le pedí no hablar del olvido. Por favor, le dije; sólo hoy. A ella le pareció bien el cambio.

Rondamos otros temas, muchos; cada uno más inerte que el anterior. Al final nos dimos cuenta: no había nada que decir. Lentamente surgió el olvido, y nos descubrimos de vuelta en casa. Mutua bienvenida; los olores familiares despistaban al azar.

Éramos nosotros

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14.8.08

De la fiebre amarilla.


Con la novedad de que tengo dengue.

Para los que no estén familiarizados con las afecciones tropicales, les explico: el dengue es una enfermedad que transmiten los mosquitos mediante su picadura. Existen dos tipos de dengue: el común y el hemorrágico. Los síntomas del primero son, según me dijo el médico, dolor de huesos, cabeza, fiebre e insomnio; los del segundo, todo aquello más púrpuras, petequias, equimosis, epistaxis, hematemesis y melena (lo cual suena mucho más peligroso que el simple dolor de cabeza y de cuerpo). Afortunadamente yo tengo del primer tipo, así que estoy tirado en cama cual si fuera el más jodido de los fardos.

Parte de mi recuperación es, por supuesto, ver mucha tele. Las horas pasadas frente al televisor (pues tampoco puedo leer, gracias al gentil dolor de cabeza que me impide cualquier intento de concentración) me han permitido reventarme un montón de competencias en las olimpiadas. Aquí algunas apreciaciones dignas de las más ociosa de las convalecencias:


1. Al día de hoy, México sólo ha ganado una medalla, y es de bronce, y es en un deporte cuya cualidad de deporte me parece francamente absurda: los clavados sincronizados. A quién se le ocurrió que eso es un deporte? No es que demerite el trabajo de Paola noséqué y Tatiana tal (además, un detallazo que Tatiana le dijera "Felipe" y y le hablara de tú al 'Cometín espurio'), no se me malinterprete. Les salió muy bonito su clavado, muy parejito, coquetísimo vaya; pero ¿clavados sincronizados? tanto eso como el nado sincronizado, como algunas cosas de la gimnasia rítmica y el tiro con pistola de aire, mi neurosis no puede considerarlas deporte. Algo parecido, sí, pero no entra en mi categoría de "deporte". Mea culpa. El clavado estuvo bonito.


**UPDATE: otra medalla. Ahora de oro y en Tae-kwon-do. Quejas? no, ninguna. La taquiza que las televisoras le organizan a los medallistas, todo un síntoma de urbanidad.


2. El tipo que se luxa el brazo cargando la pesa despertó mis más terribles miedos. Desde que tengo memoria, me pregunté si eso de doblarse la mano hacia atrás con semejante peso podría realmente pasarle a los pesistas. Por lo demás, tengo una duda seria: es halterofílicos o halterofilistas?


3. China, país organizador, se ha quedado con la mayor parte de las medallas. No sé a ustedes, pero eso a mí me habla de una pésima anfitrionía. Es como aquel concurso internacional de baile que organizó televisa, y en el que ganó el mexicano (referencia: Placer culpable 8 de IZ).


4. Inmediatamente después de la transmisión vespertina de las competencias olímpicas, en tvazteca transmiten "Gladiadores Americanos". Que cada quien forme su opinión, yo me reservo la mía. Jo.

5. Las mascotas chinas no son, a pesar de lo que pueda parecer, las más pobres en carisma de toda la historia de los juegos olímpicos. Aquí (bueno, no aquí aquí, sino abajo) una galería de mascotitas, unas más aburridas que otras, con la honrosa excepción, por supuesto, del picassiano barcelonés Cobi.


Waldi - 72








Amik-76











Misha - 80











Sam - 84











Hodori - 88













Cobi -92












Izzy - 96











Ollie, Syd y Millie - 2000












Athena y Phevos - 04













Beibei, Jingjing, y.. las otras madriolitas chinas - 08










Bueno, creo que es momento de terminar esta serie de agudas observaciones, en parte, por supuesto, porque es una estupidez de post y en segundo lugar porque ya no se me ocurre nada. Además porque el dengue está mellando mi capacidad de análisis, y si no me detengo ahora corro el riesgo de mencionar a las volibolistas de playa, y hasta ahora he resistido bastante bien mis impulsos hormonales.

Paz.

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4.8.08

Del más pequeño de los mares.

Anoche lloraste.

Te vi disolverte en tu llanto, asustada.

Desesperado, traté de hacer de mi voz un recipiente que te contuviera, pero el daño estaba hecho. Lo vi en tus ojitos suplicantes: sabías que era inevitable, y yo lo sabía más. Por una fisura en el silencio te me escurrías, y al final de todo manchabas al mundo de ti.

Luego lo supe: no era yo tu llanto, sino tú misma. Eras tu tromba. Caías en gotas que asilaban huérfanos y movían montañas. Eras tú derritiéndote; eras el charco de tu nombre.

Pasado el diluvio, navegué un rato por tu llanto. Exploré. Resbalaba por mi espalda una gota de destino.


- LuMmo.

(No hay otra manera de decirlo. Al menos no la encontré)